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    Domingo, 26 de febrero de 2012

    La fascinante experiencia de bucear en el lago Los Reyunos

    Entre 6 y 7 personas por día se sumergen con total seguridad en el espejo de aguas turquesas, nadando entre peces y paredones a unos 6 metros de profundidad. Para novatos y expertos 

    Preparación. Los bautismos comienzan con una inmersión controlada por el instructor.

    Apenas a 35 kilómetros de la ciudad, uno puede sumergirse sin riesgos en el mundo subacuático del lago Los Reyunos buceando entre peces y paredones en una experiencia donde la palabra más común para describirla es una sola: inolvidable.

    Alrededor de 300 personas bucean en el lago sanrafaelino entre enero y febrero, según los números que manejan en Oceánica, la empresa que se encarga de brindar este servicio en ese lugar.

    Alejandro García Arias, de 43 años, buzo civil de la Prefectura, guardavidas de la provincia de Buenos Aires e instructor desde hace 15 años en su propia escuela, es junto con su andante Matías quien guía a las personas que jamás bucearon y también quien asiste a buzos más experimentados.

    “Venimos desde el '99 trayendo gente difundiendo este deporte que es hermoso en uno de los mejores lugares de Mendoza, desde el 2006 que estamos haciendo temporada y trabajamos con el turismo, desde el año pasado nos instalamos definitivamente acá y damos servicios de buceos, cursos para fuerzas especiales, de instructor con título de Estados Unidos y el servicio al turista y a todos los que quieran conocer estas aguas”, contó Alejandro.

    La experiencia resulta inolvidable. Las inmersiones de bautismo se realizan a diario (por $250 por persona con una duración de unos 25 minutos) y allí se le brinda todo a quien quiera hacerlo. Desde el traje aislante con todos sus accesorios hasta las fotos tomadas bajo el agua para que la experiencia tenga comprobante y quede como recuerdo.

    Sensaciones únicas

    En una pequeña demostración, UNO de San Rafael vivió lo que es meterse en las profundidades del agua turquesa del lago Los Reyunos.

    La travesía empieza, para los novatos, con una charla informativa y una inmersión controlada en un muelle adaptado, siempre con la presencia de Alejandro y Matías en todos los detalles.

    Acostumbrarse a dejar de usar la nariz para respirar bajo el agua es el primer y tal vez único desafío para lograr hacer el paseo de bautismo.
    Como dicen los que saben, las inseguridades llegan sólo hasta que se hace el “clic” mental y se concentra en inhalar y exhalar ordenadamente el aire por la boca.

    “El bautismo de buceo es el acercamiento más importante a esta actividad, lo damos con gran cariño porque sabemos que esto puede llegar a cambiar la vida de una persona, muchas personas que han hecho un bautismo después han hecho un curso. Trabajamos con chicos a partir de los 12 años”, explicó Alejandro.

    Una vez que se empieza, el paseo submarino recorre los costados de los característicos paredones de Los Reyunos, tapizados de algas. Un detalle particular del viaje y del lago son los peces (carpas sobre todo) que pasan alrededor del buzo casi como domesticados. Además de carpas se pueden ver algunos pejerreyes y ejemplares más pequeños, como los de pecera, de coloridos verde y negro.

    El sonido debajo del agua se multiplica, por lo que uno puede escuchar potenciados todos los ruidos que se producen, incluso el de la cámara de fotos subacuática que lleva el instructor.

    Alejandro explicó que “los bautismos los manejamos hasta 6 metros de profundidad con una agradable temperatura en verano de 24 grados y una visibilidad de 6 metros lineales, por los cuales se ve todo claramente y la persona se lleva un panorama subacuático hermoso”.
    Muchos no saben que a pocos kilómetros de San Rafael, dentro del club Hidyn, se puede hacer esta actividad que por los 1.000 metros a nivel del mar donde se ubica se llama buceo de altura.

    El lugar de los paredones y el agua azul turquesa particular

    La actividad del buceo está dentro de un paquete de otras actividades que se brindan junto con la empresa Kaike.

    Se puede hacer el cada vez más solicitado tirobanji, que es cruzar el lago con una soga. También otras actividades más típicas como catamarán y canoa, entre otras.

    Así, mientras uno bucea, otros miembros de la familia pueden hacer otra actividad.

    En el caso de Alejandro García Arias, el instructor del buceo, nació en Buenos Aires pero hace un año ya se vino definitivamente a San Rafael. Todo por una foto en una revista.

    “Vi una foto en una revista del agua azul turquesa, dije ‘ahí tengo que ir y llevar a mi gente’, me contacté con un colega local, Mario Bertolaccini, colega muy querido mío. A partir de ahí organicé para venir y desde el '99 que no paré de venir hasta que me instalé definitivamente”.

    Alejandro aseguró que “he conocido lugares en el mundo y este es uno que siempre me impacta porque tiene unos paredones hermosos, agua con coloración hermosa, es diferente para la gente que está acostumbrada a bucear con fondos arenosos, acá las profundidades son bastante grandes”, explicó.